Día Mundial del EVC: una emergencia de salud pública que exige prevención, atención oportuna y rehabilitación

Por Felipe de Jesús González
Cada año, alrededor de 170 mil personas sufren un Evento Vascular Cerebral (EVC) en México. De acuerdo con estimaciones difundidas por la Secretaría de Salud en 2022, cerca del 20 por ciento de los pacientes fallece durante los primeros 30 días y siete de cada diez sobrevivientes pueden quedar con algún grado de discapacidad.
Además, el EVC ya es la cuarta causa de muerte en mujeres en nuestro país, una realidad que obliga a fortalecer la prevención y la atención médica. Ante el envejecimiento de la población mexicana, es previsible que el número de casos aumente en los próximos años.
Un EVC ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro o se rompe un vaso sanguíneo, lo que puede provocar daños irreversibles. Reconocer los síntomas y recibir atención médica inmediata puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, así como entre una recuperación con menos secuelas y una discapacidad permanente.
En el marco del Día Mundial del Evento Vascular Cerebral, que se conmemora el 29 de octubre, México enfrenta un desafío que requiere una respuesta integral.
Es necesario fortalecer los servicios de emergencia, ampliar la atención especializada, garantizar tratamientos oportunos, mejorar la infraestructura de rehabilitación y brindar orientación y apoyo a los cuidadores. También hace falta generar información accesible sobre las secuelas, incluida la afasia, para evitar que los sobrevivientes y sus familias enfrenten este proceso en soledad.
Porque la emergencia no termina cuando el paciente sobrevive. Para muchas personas comienza entonces un camino largo y difícil de recuperación: aprender nuevamente a comer, caminar, recuperar la movilidad de una mano, comunicarse o realizar actividades que antes parecían sencillas. Las secuelas pueden transformar la vida cotidiana, afectar la autonomía y generar sentimientos de frustración, incertidumbre y aislamiento.
Entre ellas se encuentra la afasia, una alteración del lenguaje que puede dificultar hablar, comprender, leer o escribir. Quienes la presentan no pierden por ello su inteligencia, sus emociones ni su necesidad de comunicarse. Sin embargo, pueden enfrentar barreras para expresar lo que sienten, tomar decisiones y mantener sus relaciones personales. Necesitan terapias especializadas, comprensión y oportunidades reales para participar en la vida familiar y social, de acuerdo con afasiaporlatinoeamerica.com.
La rehabilitación debe entenderse como una parte esencial de la atención médica, no como un servicio complementario al que solo puedan acceder quienes tienen recursos económicos. La fisioterapia, la terapia ocupacional, la terapia del lenguaje, la atención psicológica y el seguimiento médico pueden contribuir a recuperar capacidades, fortalecer la autonomía y mejorar la calidad de vida. Cada avance cuenta y cada persona merece una atención acorde con sus necesidades, sus posibilidades y sus metas de recuperación.
La prevención es igualmente indispensable. Controlar la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol, evitar el tabaquismo, mantener una alimentación equilibrada y realizar actividad física ayuda a reducir el riesgo de sufrir un EVC.
A ello deben sumarse campañas permanentes de información para que la población reconozca las señales de alerta y sepa cómo actuar, así como servicios de emergencia capaces de responder con rapidez.
El envejecimiento de la población hace todavía más urgente esta tarea. Si se espera un aumento de los casos, el sistema de salud debe prepararse desde ahora, con recursos suficientes, personal especializado y políticas públicas que contemplen tanto la atención inmediata como las necesidades de largo plazo.


