
María Elia A.
¿Dónde estás, México, al que cantó López Velarde con sus mujeres de pudor inigualable, que al vestir el decoro de su ropa las hacía más deseables?
¿Dónde estás, México de riqueza incomparable, si me encuentro en la calle a tus niños guaris, pidiendo pan para quitar el hambre?
¿Dónde estás, México, al que cantó el poeta, en que su palabra dada, el honor comprometía?
¿Dónde estás, México, aquel al que los mexicanos quisiéramos, donde no sean las autoridades, las encargadas de cumplir el orden, las que corrompan y encubran el narcotráfico?
¿Dónde estás, México, donde hay quienes distribuyen el vicio entre los jóvenes, sin que nadie lo impida?
¿Dónde estás, México, aquel que por monarquía no tuvo reyes, ni por descendencia ladrones?
¿Dónde estás, México de mis amores, que no escuchas la voz de tu Guadalupana que dice: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre”?
¿Dónde estás, México, de bosques ancestrales, donde los tarahumaras, yaquis, coras, mayas y huicholes respetaban el equilibrio de su caza y su madera, sin ecológicas demagogias gubernamentales?
¿Dónde estás, México, aquel que perseguido, llevado a un improvisado paredón, capaz era de otorgar perdón, como Agustín Pro?
¿Dónde estás, México de suave contextura, que de profundo tu grito se escuchaba “¡Viva Cristo Rey!” cuando Plutarco Elías Calles te machacaba?
¿Dónde estás, México, el orgullo de mi raza incomparable, que no sales y defiendes el pan para tus guaris?


