En la montaña todo cambia de un momento a otro: el clima, el camino, los paisajes, tú respiración y a cada paso un latido más fuerte del corazón. Durante el ascenso la euforia inicial se va transformando en cansancio, sed, calor, frío, en ocasiones mal de altura, vértigo y llega la lucha interior entre seguir o parar.
Hay ocasiones en que la montaña decide por ti, si la neblina se cierra o nieva, no hay manera de continuar, pero cuando solo se trata de un mayor esfuerzo no siempre es sencillo discernir si falta voluntad o realmente el cuerpo no da más y es momento de dejar a un lado el orgullo para no exponerte ni a tu equipo, porque hay una diferencia entre valentía e imprudencia.
Todo ello lleva a un análisis profundo de nuestros límites y cuando logras sobreponerte al miedo, la fatiga o lesiones la recompensa de llegar al objetivo es inmensa, la maravilla de contemplar la majestuosidad de la naturaleza desde kilómetros de altitud, a nivel del mar, no tiene parangón.
La actividad del senderismo, alpinismo, escalada o excursión dependiendo de la montaña, es una excelente práctica hacia el autoconocimiento, reflexión y superación personal. Las lecciones son muchas y variadas dependiendo de cada vivencia.
Recientemente tuve la oportunidad de subir al Refugio de los 100, en el Iztaccíhuatl, México, con un equipo solidario, experimentados guías que condujeron nuestros pasos por el camino correcto y nos alentaban cuando veían que lo necesitábamos, a continuación, comparto algo de lo que aprendí no solo para la montaña sino para la vida.
Carga lo que puedas aguantar y elige bien tu compañía
Es imprescindible llevar mochila, pero como en la vida a veces cargamos con cosas que nos dificultan caminar, que no son necesarias e impiden el ascenso, por ello, carga sólo con lo que te va ayudar, los extras estorban y no es que no lo supongas al momento de equiparte, pero hasta que te enfrentas a las empinadas valoras bien qué realmente era necesario y qué no.
También elige bien tu compañía, porque como en la vida, es quien te impulsará o desalentará, cuando equivocas el camino o cargas demasiado, a veces la carga puede ser emocional, quien va a tu lado desempeña un papel trascendental. En nuestro equipo al menos a cuatro personas nos ayudaron con la mochila; en mi caso lo hizo mi compañero de aventuras y de vida, Oscar quien también me dio confianza y aliento; nuestra guía y amiga, en algún momento subió con tres mochilas a cuestas, sobra decir que la fuerza física y mental de Johana es admirable.
Y por supuesto, cárgate de mucha energía positiva, de pensamientos optimistas, de autoestima, confianza y prudencia, para quienes creemos en Dios también ayuda encomendarte y agradecer por la montaña y lo que ésta nos regala y enseña.

La lengua en el paladar
La respiración correcta, es un pilar en el camino, sino logras controlarla llega el dolor de caballo, el aire frío entra a tus pulmones y la agitación te detiene. Un buen tip que ahí aprendí fue poner la lengua en el paladar, esto ayuda a oxigenarte adecuadamente y de verdad que respirar bien lo cambia todo, no por nada existen varias técnicas de meditación y anti estrés mediante inhalar y exhalar de determinada manera y postura.
Solidaridad en la montaña
La hermandad que se genera desde las faldas, hasta las alturas de la montaña, es conmovedora y contagiosa, los alpinistas que al paso van deseándote buen ascenso o descenso, las sonrisas a pesar del cansancio, los consejos y solidaridad de quienes te vas topando, aunque se la primera y tal vez última vez que los verás en tu vida es increíble. Si a esto le sumas que vas con buenos amigos y amigas la experiencia se vuelva inolvidable, las emociones se ponen a flor de piel, basta ver a una Laura llorando, por la emoción, para que te contagié, sin duda experiencias que alegran el corazón y fortalecen alma y cuerpo.
Equipo adecuado, valora tu vida
Adentrarte en la montaña no es ir al bosque, por tanto, hay que llevar el equipo adecuado, no escatimar en lo requerido. Ese día en que tuvimos la experiencia en la “Mujer dormida”, en la que también celebrábamos los 45 años de uno de nuestros guías, silenciamos nuestras mañanitas, justo en el Refugio de los 100, porque nos comentaron que momentos antes un joven de 31 años acababa de resbalar y caer por un voladero, lamentablemente fue mortal, su hermano estaba a unos metros de nosotros llorando mientras intentaba hacer una llamada telefónica, no puedo imaginar el dolor que en esa familia se vivió ese día. Hay ocasiones en que la falta de un equipo adecuado y/o la imprudencia cobra vidas, otra simplemente te tocaba, para quienes aman este deporte es un riesgo que se asume.


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